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La Belleza de que No Me Ames de Vuelta

  A veces te veo. Te veo de lejos, como acostumbro a verte. Te veo y pienso en lo hermoso que eres, en lo mucho que me gusta verte sonreír, en lo mucho que adoro escuchar tu risa y cómo tus ojos se encuentran con los míos, aunque sea solo un segundo. Y ese segundo es suficiente para ahogarme en tu mirada, porque me siento en un desierto constante, secándome, hasta que me ves y te bebo, atrapo tus ojos y me niego a soltarlos, bebiendo tu mirada hasta que muero intoxicado por el agua. Pero solo a veces. A veces tengo que evitar verte, porque sé que no me vas a ver de vuelta, sé que vas a tener tu vista en ella. Ella, ella, ella. Siempre ella. ¿Qué tiene ella que no tenga yo? ¿Qué le ves a ella que no ves en mí? ¿Es que ella es ella y yo soy él , acaso? ¿Es eso? Qué difícil es quererte de lejos. Añorar que te acerques a mí por gusto, por decisión, que te acerques a mí porque de verdad quieres conversar conmigo, no por nimiedades, no porque yo me acerque a ti, no, añoro que te l...

Mi Mano Encontró Vacío

Abro los ojos lentamente, el canto de los pájaros y el claxon de los autos sacándome de un sueño que ya he olvidado. Mi mano se mueve por instinto a tu lado de la cama, ansiado encontrarse con tu estómago para sentir tu calor al reposarse ahí. En su lugar, encuentra frío. Los recuerdos regresan de golpe, rompiendo mi corazón una vez más desde que te fuiste. Me levanto recargándome en mis codos, tu almohada está en el suelo, donde la tiré anoche porque tu aroma impregnado en ella invadía mis pensamientos, tu lado de la cama está ligeramente hundido por tu peso, tantas veces combinado con el mío cuando nos recostábamos juntos. Me tallo los ojos para despertar y encuentro lágrimas recorriendo mis mejillas, un sollozo escapa mi garganta mientras pienso en tus palabras. "No vamos a funcionar." Me dijiste, parado en la puerta del lugar que nos ha visto crecer. "Nunca hemos dejado de—" Comencé a decirte, pero tus ojos me detuvieron, había derrota en ellos. Veía una decis...

En Un Sueño

Soñé contigo. Ese tipo de sueño tan vivaz, tan real, ese tipo de sueño que sale de lo más profundo de tu corazón y te grita verdades que no querías escuchar. Ese tipo de sueño que te despierta a las 4 de la mañana, cuando el sol todavía no se digna a mostrarse, y que te obliga a dormirte otra vez, temiendo la esperanza de regresar a él. Temiendo olvidarlo. Pero no lo olvidas, no, porque se dan las 9 de la mañana cuando vuelves a abrir los ojos, y aún está ahí, en tu mente, los sucesos de tu subconsciente como tu película favorita, repitiéndose línea por línea. Soñé contigo, niño. Soñé que estabas en mi ciudad, no en la tuya, y pensé que mi sueño era real, después de todo. Pero luego soñé que estaba en un cine, cubrebocas puesto, y me di cuenta de que era solo eso, un sueño. Soñé que estabas con tu mejor amiga, soñé que te veía, pero tú a mí no, el cubrebocas no te dejaba identificarme. O quizá sí. Quizá solo quería esconderme de ti. A veces me pregunto qué será si un día llego a verte ...

Razones Por Las Cuales Me Quedo

"...entonces, intenta hacer una lista con la razones por las cuales lo amas, o las razones por las cuales te quedas, y nos vemos en la siguiente sesión," mi terapeuta se despide de mí y salgo de su oficina. Reviso mi teléfono por primera vez desde que entré a la sesión, la esperanza de tener mensajes o llamadas perdidas de él una viva llama en mi corazón, pero las únicas notificaciones que tengo son de mi mamá, preguntándome si ya voy a la casa. Guardo el teléfono en mi bolsillo y comienzo a pedalear por la ciudad rumbo a mi hogar, pensando en razones por las cuales mi novio y yo seguimos juntos. Razones por las cuales me quedo. Razón número 1: Le gusta ver películas conmigo. Claro, mi mente viaja a todas esas noches, recostados en el sillón, con su cabeza recargada en mi pecho. Una alegría recorre mi estómago al recordar la forma en que se ríe con los chistes tontos en las películas de comedia, o cómo se asusta en las películas de terror, sus ojos apenas visibles por sobre ...

Te Veo

// Advertencia de Contenido: Suicidio // Te veo en lugares en los cuales jamás estuvimos juntos, porque me narrabas lo especiales que eran para ti, y lo mucho que querías llevarme a ellos. Te veo en la casa de reciclaje donde trabajaste por unos meses antes de aburrirte, donde me contaste lo mucho que te divertiste, y lo importantes que algunas personas de ahí se habían vuelto para ti. Te veo en el parque más importante de la ciudad, porque me dijiste cierto día que salías a caminar con tu perrito semanalmente ahí, y que disfrutabas sentir el calor en tu piel, el viento volándote el cabello, y la soledad. Te veo en las salas de los cines, sentado en la fila más elevada de todas, ligeramente a la izquierda, riéndote, gritando, o llorando más alto de lo que está permitido, e intentando callarte porque temes incomodar a las demás personas. Te veo en la librería, cuando me siento tranquilo a leer una novela, porque me dijiste un día que los libros te hacían sentir seguro, en un mundo de in...

Una Historia Medieval

A la cabeza de la enorme mesa de caoba se encontraba el rey, su corona ligeramente torcida y su aspecto descuidado tras noches sin descansar propiamente. Sin embargo, los caballeros de confianza degustaban su cena sin prestar atención al demacrado dirigente del reino, felices por finalmente haber terminado su misión, sabiendo que un gran descanso se avecinaba. Altair se encontraba cansado, sabía que no pertenecía aquí, y apenas era capaz de levantar los utensilios a su boca para llenar su estómago hambriento. En su mente se repetía el momento en que el dragón se había presentado frente a él, rojo como un atardecer de verano, y la manera en que se habían observado entre sí. Altair había aceptado ayudar a los caballeros del reino a dar caza al dragón, como muchos otros en el reino hicieron, pero jamás pensó que llegaría a verse cara a cara con él. A final de cuentas, era un simple hombre, viviendo solo en una choza a los límites de la ciudad. En su mente, Altair veía cómo había estado a ...

No Quería Ser Tuyo, Pero Lo Soy

Leo tus mensajes una y otra vez, pensando que quizá hoy es el día en que dejan de doler. Tal vez hoy será el día en que puedo leerlos y sonreír recordando lo que fuimos, sin que me duela lo que pudimos llegar a ser. Abro los mensajes que tengo archivados, donde todas nuestras conversaciones se encuentran, y me pongo a leer los del día en que me dijiste que te gustaba. Si tus mensajes de texto estuvieran en una hoja de papel, esta se encontraría desgastada tras la cantidad de veces que la he abierto. Tras la cantidad de veces que he leído tus palabras y recordado cómo me sentí cuando las leí por primera vez. Tras la cantidad de lágrimas que han caído en ellas y la cantidad de sollozos ahogados que han soportado. Pero solo son palabras en un teléfono, solo son mensajes de textos en los que me dices que me quieres, en los que me cuentas cómo te fue en la escuela, en los que me narras tus sueños más extravagantes y donde te ríes de los míos. Solo son mensajes de texto que recorren mi cora...