En Un Sueño

Soñé contigo.
Ese tipo de sueño tan vivaz, tan real, ese tipo de sueño que sale de lo más profundo de tu corazón y te grita verdades que no querías escuchar. Ese tipo de sueño que te despierta a las 4 de la mañana, cuando el sol todavía no se digna a mostrarse, y que te obliga a dormirte otra vez, temiendo la esperanza de regresar a él. Temiendo olvidarlo.
Pero no lo olvidas, no, porque se dan las 9 de la mañana cuando vuelves a abrir los ojos, y aún está ahí, en tu mente, los sucesos de tu subconsciente como tu película favorita, repitiéndose línea por línea.
Soñé contigo, niño.
Soñé que estabas en mi ciudad, no en la tuya, y pensé que mi sueño era real, después de todo.
Pero luego soñé que estaba en un cine, cubrebocas puesto, y me di cuenta de que era solo eso, un sueño. Soñé que estabas con tu mejor amiga, soñé que te veía, pero tú a mí no, el cubrebocas no te dejaba identificarme.
O quizá sí.
Quizá solo quería esconderme de ti.
A veces me pregunto qué será si un día llego a verte por la calle, o en tu escuela... Me pregunto si me saludarás, si jugaremos a fingir que todo terminó bien, o si me ignorarás, si fingirás que no me conoces y tendré que fingirlo yo también.
Y me preguntaré por qué terminamos como desconocidos, cómo es que decidimos hacer cómo que no sabíamos quién era el otro, solo porque un día te amé...
En mi sueño, mi familia y yo íbamos al cine, y la fila llegaba hasta afuera. Tú estabas unas cuantas personas frente a mí, camiseta naranja y tus lentes, al lado de tu mejor amiga, su cabello negro cayendo en chinos detrás de ella.
En mi sueño, yo ocultaba mi rostro, porque te vi y mi corazón saltó. Qué horror pensar que mi corazón saltó. Qué miedo que mi sueño me dice una y otra vez verdades que oculté tras mentiras.
No me dejaban entrar al cine, al parecer era demasiado refinado o algo así. Era un sueño, no todo tenía sentido, ¿sí? Recuerdo que yo flotaba o algo, pero eso no es lo relevante aquí.
Me recuerdo entrando, recuerdo que algo pasó y salimos. Yo salí del cine, y estaba solo, de mi familia ni rastro, pero, ¿tú?
Tú estabas justo frente a mí, con tu amiga, tu espalda encarándome y entonces actué por impulso.
¿Por qué lo hice? Porque era un sueño, porque no sabía lo que hacía, o quizá porque sabía lo que hacía más de lo que me gustaría pensar. Lo hice. No, lo soñé.
Soñé que choqué contigo, accidentalmente.
Soñé que me volví a verte, un segundo solamente, y me disculpé rápido, para largarme, viendo tus ojos tras los cristales de tus lentes, mirándome.
Soñé que daba un simple paso antes de que me detuvieras, que me dijeras que sabías quién era. Un simple paso antes de volverme a verte, y saludarte.
Me reconociste y decidiste hablarme.
A veces noto demasiado cómo los sueños revelan cosas que uno no quiere aceptar.
Le dijiste a tu amiga que se adelantara, y se fue, nos quedamos solos, frente a frente.
No sé de qué hablamos, si es que hablamos, pero me acompañaste a mi carro, y justo antes de llegar, actué por impulso otra vez.
Sabía que quizá había alguien en tu vida.
Sabía que quizá no querías nada de mí.
Sabía que si te habías largado de mi vida, antaño, quizá era porque simplemente no querías estar en ella.
Y aun así...
"Oye, sé que quizá no nos volvamos a ver, así que..."
Te dije.
Y era un sueño, duran como cinco minutos, ¿no? ¿Qué tanto más podía decir?
En mi sueño, tú sabías de qué hablaba.
Era un beso.
Sabías que quería un beso.
Y yo, de alguna manera, lo sabía también.
"Está bien, está bien," me dijiste, esa sonrisa en tu rostro que de vez en vez aparece en mi mente, tus lentes moviéndose ligeramente hacia arriba con tu sonrisa, tus ojos clavados en mí.
Y me acerqué a ti, en mi sueño, y mis labios rozaron tu mejilla, en mi sueño, y plantaron un delicado beso en el lado derecho de tu rostro... En mi sueño.
Sonreíste.
Y luego hiciste lo mismo.
Jamás he sentido tus labios en mi piel.
Y pienso que jamás lo haré.
Pero cuando tus labios tocaron mi mejilla, y cuando te fuiste, desperté.
Desperté con el sentimiento de que me habías besado, desperté con la viva imagen de tu rostro en mi mente, a las 4 de la mañana... Desperté y mi dedo rozó ligeramente el lugar donde me besaste, en mi sueño.
Y luego me dormí, pensando que olvidaría tu rostro cuando el sol se mostrara a través de los tragaluces en mi habitación.
Y tras eso, tras horas de sueño y horas de luz, sigues aquí.
Soñé contigo.
Y me di cuenta de que todavía hay una parte de mí que vive con la esperanza de que no me vayas a tratar como un extraño. Todavía hay una parte de mí que recuerda los días en que te dije que quería besarte, y en que me dijiste lo mismo de vuelta. Todavía hay días en que pienso que te veré, y me verás, y habrá algo ahí.
Todavía hay días...
Tras todos estos meses, sí, todavía hay días.
Y aunque sé que ya debería haberte dejado ir, aquí sigues.
Y aunque sé que lo correcto es no darte una oportunidad de lastimarme otra vez, aquí sigo.
Y si llegases a hablarme de nuevo, no tengo ni la más menor idea de qué haré, porque no te conozco, pero conozco la forma en que me haces sentir.
Háblame.
No me hables.
Soñé contigo, y fue un sueño más real que mi día a día.
Pero fue un sueño.
No estaba listo para encontrarme contigo, pero mi mente decidió que tenía que hacerlo.
Que no seamos amigos no significa que no me importas, así que espero estés bien.
En fin.
Quizá no éramos.
Quizá no se suponía que fuéramos.
Pero me gustó ser, contigo.
En su momento, y al parecer, de repente, en un sueño.

Soñado en Noviembre 22, 2020

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Concepto del "Me Gustas"

Una Historia Medieval

Mariposas en el Estómago