No Quería Ser Tuyo, Pero Lo Soy

Leo tus mensajes una y otra vez, pensando que quizá hoy es el día en que dejan de doler. Tal vez hoy será el día en que puedo leerlos y sonreír recordando lo que fuimos, sin que me duela lo que pudimos llegar a ser.
Abro los mensajes que tengo archivados, donde todas nuestras conversaciones se encuentran, y me pongo a leer los del día en que me dijiste que te gustaba.
Si tus mensajes de texto estuvieran en una hoja de papel, esta se encontraría desgastada tras la cantidad de veces que la he abierto. Tras la cantidad de veces que he leído tus palabras y recordado cómo me sentí cuando las leí por primera vez. Tras la cantidad de lágrimas que han caído en ellas y la cantidad de sollozos ahogados que han soportado.
Pero solo son palabras en un teléfono, solo son mensajes de textos en los que me dices que me quieres, en los que me cuentas cómo te fue en la escuela, en los que me narras tus sueños más extravagantes y donde te ríes de los míos.
Solo son mensajes de texto que recorren mi corazón de arriba abajo, trazando líneas que deletrean tu nombre, una y otra y otra vez.
Apago el teléfono y lo tiro lejos de mí; lanzándome a la cama, viendo el techo, pienso en cómo se sintieron tus labios en los míos la primera y única vez que se juntaron. Recuerdo el primer contacto: suave, delicado, temeroso, creciendo hasta convertirse en un deseo ahogado entre gemidos. Recuerdo cómo mi mano se colocó delicadamente en el calor de tu nuca, acercándote a mí con feroz delicadeza, negándome a soltarte.
"Espera," susurraste, alejándote de mí en un latido de mi acelerado corazón.
Recuerdo la manera en que te miré, asustado de haber llegado demasiado lejos, de haberte asustado, de haberte incomodado.
"¿Todo bien? ¿Quieres que paremos? ¿Me precipité demasiado?" Las preguntas abandonaban mis labios como disparos de una pistola, incontenibles tras jalar el gatillo.
Las lágrimas comienzan a amenazarme con salir, así que detengo el recuerdo y me vuelvo hacia un lado, mirando la pared a mi izquierda, pero eso solo causa que otro recuerdo brote en mi mente, una semilla decidida a germinar.
La primera vez que entraste a mi casa, observaste todo lo que yo veía ordinario con una admiración que yo había perdido. Te asombraban las figuras de animales que mis padres coleccionaban, y los discos de vinilo colgados en las paredes. En tus ojos había un brillo que noté por primera vez en ese momento, y amé ver cómo tus ojos brillaban.
Mis padres te invitaron a cenar con nosotros y no dejaron que te negaras, fue la primera vez que viste cómo funcionaba mi familia, y me susurraste cómo amabas la manera en que fluíamos cuando estábamos en mi cuarto. Te invité a acostarte a mi lado y me negaste, solté una carcajada cuando te sentaste en el suelo, recargado en la pared.
"La cama es mucho más cómoda, ¿sabes?" Te dije, pero solo batiste la mano frente a ti, como si estuvieras espantando un mosquito.
"Las camas están sobrevaloradas," me dijiste, sonriendo, "lo de hoy es tirarse al suelo." Y estuve a punto de sentarme a tu lado, pero me detuviste.
Me encontraba recostado en la cama, y a mi izquierda estabas tú, sentado en el piso con tu mochila abierta.
"¿Qué haces?" Te pregunté, pero levantaste la mano, y me callé, observándote.
Observé cómo sacaste un cuaderno, un lápiz, un borrador, y empezaste a mirarme, y luego mirabas tu cuaderno, trazabas algo, y me mirabas de nuevo.
Me quedé quieto, apenas respirando, mientras tus ojos se clavaban en los míos, antes de recorrer mi cuerpo, para terminar en el cuaderno.
El tiempo pasaba lentamente, y yo solo me concentraba en la forma de tus piernas, en el pantalón negro que te quedaba apretado, pero solo lo justo, en la camiseta ligeramente holgada que me dejaba ver un poco más abajo de tu cuello.
Si hubieras podido dibujar el calor que emanaba de mí, yo no habría sido la única cosa ardiente en ese cuaderno.
Detengo el recuerdo una vez más, mientras observo la pared vacía donde antaño me dibujaste, y exhalo.
Suspiro de esa manera tan dramática que siempre odiaste, mientras tomo mi teléfono de donde lo había tirado.
Me pongo a ver las fotos que me mandaste cuando pensabas en mí, las fotos de tu rostro, la foto de tus dibujos, las fotos que nos mandábamos cuando se daban las tres de la madrugada y que me prometí iba a eliminar.
Duele.
Pero duele un poco menos que al principio.
Siempre me pregunto si hoy es el día en que deja de doler, y no, no lo es.
Pero sí que es el día en que duele un poco menos.
Solo un poco.
"¿Me precipité demasiado?" El recuerdo vuelve a mí y lo dejo llegar.
"No, no, es..." Me contestaste, y tus ojos se encontraron con los míos. No vi la chispa que ya me había acostumbrado a ver en ellos.
No quería decir nada, porque si decía algo, todo podría llegar a su fin, sentía el final como si estuviera leyendo las últimas páginas de mi novela favorita.
No quería que la novela terminara.
Casi podía ver tu cerebro moverse, tratando de encontrar las palabras que menos deseaba escuchar; tus ojos atrapados en los míos me hacían sentir débil, pequeño, frágil.
"Eres un muchacho increíble..." Dijiste, y si nuestra vida fuera una película, la sala entera habría suspirado, sabiendo lo que se avecinaba.
"No lo hagas, por favor," te susurré, bajando la mirada.
"¿Qué cosa?" Me preguntaste, un ligero toque de genuina curiosidad teñía tu voz.
"No me digas cosas bonitas si piensas terminar las cosas, por favor," exhalé, mi mirada centrada en las puntas de mis pies. "Porque si te vas, si me dejas, me aferraré a esas palabras bonitas, y me será más difícil dejarte ir."
El silencio consecuente presionó mi pecho y encogió mi corazón.
"Creo que besarnos fue un error," me dijiste, y mi mirada se levantó, encontrándose con tus ojos, esperando ver una pizca de falsedad, un simple toque de burla que me dijera que estabas jugando. No lo encontré.
Recuerdo cómo solté una carcajada, tan seca como falsa, cargada de dolor, y volví mi mirada al suelo.
"¿Un error?" Pregunté, mi voz apenas audible en el ensordecedor silencio que nos rodeaba.
"Pensé que iba a sentir fuegos artificiales en tus labios, pero..." Apagué las palabras que dijiste después, apenas tolerando estar parado frente a ti.
"Todos cometemos errores, ¿no?" Te interrumpí, callándote a mitad de lo que sea estuvieras diciendo. "No quería ser tuyo, pero lo soy, ¿no? Tu error."
"No lo digas así—"
"¿Hay otra manera de decirlo?"
Te interrumpí de nuevo.
El silencio se alargó, y dos corazones que recién comenzaban a latir juntos, se desintonizaron.
"Lo siento," susurraste, y tus ojos buscaron los míos, pero no los encontraron. "Duele encontrar a alguien que realmente vale la pena, y no poder estar juntos."
Recuerdo que esas fueron las palabras que me hicieron romper en llanto, y recordarlas me hace romper en llanto una vez más.
Recuerdo cómo me sostuviste en tus brazos, tan conocidos y a la vez tan ajenos, y recordarlo me hace tomar mi teléfono y desarchivar tu conversación.
Recuerdo que mis lágrimas empapaban tus hombros y tus manos palmeaban mi espalda, lentamente; recordarlo me empuja a leer todas las veces que me dijiste que me querías, que me extrañabas, que querías verme.
Recuerdo tu voz en mi oído, susurrándome que me calme, que todo estará bien, y recordarlo hace que los sollozos escapen de mi garganta, rasgándola en su camino, mientras veo las fotos de tu sonrisa junto a la mía, de cuando nuestros cachetes se encontraban uno al lado del otro.
Recuerdo cómo te dije que no podía enamorarme sin ti, y recordarlo me hace ver nuestra primera conversación, donde intenté ligarte sin saber en absoluto qué estaba haciendo.
"Por favor, no te enamores sin mí," recuerdo que te susurré, con lágrimas en los ojos, mientras caía de rodillas frente a ti.
Te pusiste de rodillas conmigo, pero no dijiste nada, solo me tomaste en tus brazos y me susurraste de nuevo que todo estaría bien.
Y mientras lo recuerdo, me pregunto dónde están tus brazos ahora que los necesito, ahora que me encuentro leyendo lo mucho que me amabas y llorando de rodillas en mi habitación.
Nuestro amor era real, yo lo sentí, pero ahora se ha ido... Y sé que no va a regresar.
Deseo que seas feliz con toda mi alma, pero a veces me pregunto si tú deseas lo mismo para mí.
Un error...
Duele, leer tus conversaciones, no te lo negaré. Y dudo que a ti te duelan, porque siempre superaste las cosas más rápido que yo.
Pero hoy duelen un poco menos, y mañana quizá duelan un poco menos que hoy, hasta que no haya dolor en tus palabras.
Las lágrimas están parando, poco a poco; inhalo, exhalo. No es la primera vez que le hacen esto a mi corazón, aunque sorprendentemente sí es la primera vez que le dicen que es un error.
Pero sé que podemos con esto, porque no conozco corazón más fuerte que él.
Eres un paso más, un dolor más, un golpe más que recibo en mi camino hacia esa persona que no me dejará ir tan fácilmente. Y fuiste importante, muy importante, y quizá lo seas por siempre...
Fuiste un golpe muy importante, lanzado directamente a mi corazón, y por eso te agradezco. Porque por mucho que duela, me enseñaste que puedo soportar más de lo que pensaba podía soportar, antes de ti.

Escrito en Agosto 13, 2020

Comentarios

  1. “Por favor no te enamores sin mí.” Resuena en mi cabeza.
    “ Sentía el final como si estuviera leyendo las últimas páginas de mi novela favorita.” No se puede evitar el sentimiento de opresión en el pecho después de haber leído ese fragmento.

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