Quédate
Es un conjunto de cosas, si te digo la verdad.
La forma en que empezó... No sé, no podría explicarlo, no he sido capaz de localizar el momento exacto en que noté que mi corazón se derretía al estar cerca de ti.
Quizá fue la primera vez en que tu hombro chocó con el mío, accidentalmente.
O no sé, la manera en que tu rodilla golpeaba lentamente la mía cuando te sentabas junto a mí en clase.
Tal vez fue una de las ocasiones en que negué chocar las manos contigo y me tomaste de la muñeca para hacerlo contra mi voluntad.
No lo sé, son puras conjeturas, nada concreto. Pero estoy seguro de que no te quiero dejar ir fácilmente.
Estoy recostado en mi cama, masajeando inconscientemente mi muñeca, en el lugar exacto en que me tocaste esta mañana. Mi mente no puede evitar viajar a tu rostro, a tu sonrisa, a la forma en que no sonríes en las fotos cuando estás con tus amigos, pero estando solo te salen las sonrisas más naturales.
Tu sonrisa causa una risa tonta en mí, y me harto de hacer nada, me harto de esperar.
"¿Bueno?" escucho tu voz del otro lado del teléfono. Mis manos están sudando por los nervios, pero me obligo a avanzar.
"Hola, Leonel," mi voz sale un poco débil, como si estuviera haciendo un esfuerzo sobrenatural para salir.
"¿Qué tal, Fran?" Me contesta. ¿Qué se supone se contesta a un "Qué tal"?
"Oye," comienzo. "¿Estás ocupado más tarde?"
Las palabras se sienten ajenas en mis labios, pero no puedo detenerme ahora.
"Completamente libre, ¿qué tienes planeado?" Me pregunta. Mi corazón da un salto involuntario, sorprendido ante su pregunta, dispuesto a hacer lo que sea que le sugiera.
"No mucho, quizá puedes venir a mi casa, si quieres, a ver una película o algo."
Hay un silencio en el que me pregunto si quizá la llamada se interrumpió, o que colgué por accidente, antes de su respuesta.
"Me parece bien. En una hora estoy ahí." El silencio después del clic cuando me colgó es lo único que me acompaña ahora.
Dejo el teléfono y me meto a bañar, pensando en que va a estar aquí, que vamos a estar juntos en el sillón, viendo películas.
'Solo viendo películas, ¿no?' Mis pensamientos me acechan mientras me seco y reviso la hora.
En el tiempo que tarda en llegar, logro ir a la tienda por palomitas y acomodar el sillón para que esté encarando a la tele.
El timbre me saca de mis pensamientos, y me dirijo a abrirle.
Está frente a mí.
Su cabello negro cae ligeramente hacia la derecha, sus ojos curiosos, como si estuvieran preguntándose qué hacen aquí, su sonrisa.
Una risa estúpida amenaza con escaparse de mí al ver su sonrisa, pero logro acallarla.
Leonel está en mi sala.
En mi casa, y...
"¿Están tus papás?"
Oh.
Oh, no pensé en eso.
Estamos solos.
"Eh, no, no, de hecho salieron por el fin de semana... No hay nadie y no va a haber nadie aquí hasta el lunes. Solo yo." Le contesto, con la esperanza de que no malinterprete el que lo haya invitado aquí.
"Oh, está bien, ¿qué vamos a ver?" Y con esta pregunta se deja caer en el sillón frente a mí.
Ponemos una película viejita acerca de un niño que les tiene miedo a las brujas. En un punto este mismo niño es transformado en un ratón y la película es, en todo su esplendor, caótica.
En cierto momento, Leonel se recostó en mí, y mi mano comenzó a trazar círculos en su pecho. Toques ligeros que no significan nada.
Porque no significan nada, ¿cierto?
Siento su piel cerca de la mía, el contacto está volviéndome loco.
La película se acaba—como lo fue en su entereza—de una manera tremendamente caótica, y los créditos comienzan a rodar.
"¿Qué rayos acabamos de ver?" Me pregunta Leonel, levantándose y dejándome en el sillón con el recuerdo de su calor junto a mí.
"Honestamente, no sé, pero mi mamá adora esa película y yo jamás la había visto antes." Le contesto, levantándome y parándome junto a él.
Soy ligeramente más alto que él, pero casi ni se nota. No lo habría notado de no ser porque estoy viendo sus labios y mis ojos están mirando hacia abajo.
"Entonces..." dice.
"Entonces..." le contesto.
"Supongo que ya me voy, ahora." Susurra, y me sonríe, y no puedo aguantar más todo esto.
"Podrías quedarte, también..." Digo, y en mi interior mis ojos están abiertos como platos, mientras en el exterior trato de mantener la compostura. "Si quieres." Añado.
Me mira con extrañeza, como si no lograra juntar las palabras que salieron de mi boca en su mente.
"¿Quieres que me quede?" Me pregunta.
Y la forma en que su pregunta está formulada me hace imposible mentirle.
"Sí."
Y me sonríe.
Quizá fue la primera vez que me sonreíste cuando empecé a caer por ti.
"Está bien." Me dices, y entonces cierro la puerta con seguro.
Los momentos en que cerré la puerta y terminamos acostados ambos en mi cama están borrosos en mi mente, la adrenalina moviéndome más de lo que debería permitirla.
Estás junto a mí, tu camisa en algún lugar del suelo, junto a la mía.
Tu respiración está tranquila, y de reojo veo que sigues despierto, mirando el techo. Me vuelvo hacia ti, y tú haces lo mismo.
Estamos cara a cara, y puedo ver esa maldita sonrisa en tu rostro.
Es como si me destruyeras, pero de la manera más hermosa posible.
"Leonel—"
"¿Quieres besarme?" Me preguntas, y maldita sea, no puedo resistirme.
Tus labios se encuentran con los míos y nuestras piernas se encuentran entre sí. Puedo sentir tu lengua buscando acceso, y se lo permito. Es un sentimiento que deseaba desde hace demasiado tiempo.
Mis manos buscan tu cuerpo y pronto te estoy sosteniendo junto a mí, abrazándote bajo las cobijas. Una de mis manos está subiendo por tu espalda, tomándote por la parte trasera de tu cabeza, acercándote más a mí.
El beso se intensifica, puedo sentir casi como si tú lo hubieras deseado tanto como yo.
No sé en qué momento perdimos los pantalones—no sé en qué momento perdimos todo lo que estaba entre medias.
Tampoco recuerdo cómo es qué nos juntamos y rompimos cualquier barrera que nos separaba. Nos fusionamos como si no pudiéramos estar sin el otro.
Al final, seguías tú a mi lado, y yo al tuyo, y todo había cambiado.
"Eso fue..." Comenzaste.
"Sí." Te contesté, sin dejar que terminaras.
Porque eso fue algo de otro mundo, y ahora estabas a mi lado, y podía sentir tu brazo rodeándome, así que extendí el mío para rodearte también.
"Quédate esta noche, y mañana también." Te dije.
"Ay, Fran." Me contestaste, con una sonrisa en el rostro. Una de tus malditas, perfectas y encantadoras sonrisas. "No quiero irme de tu lado jamás."
Y sonreí.
Y no sé si sientas lo mismo que yo cuando me ves sonreír, pero si sí, espero que disfrutes esta sonrisa, porque te pertenece enteramente.
En algún momento quedamos rendidos y nos dormimos, pero me es imposible olvidar el calor de tu piel junto a la mía bajo las sábanas en mi cama.
Quédate.
Estoy harto de dormir solo, así que quédate.
Estoy cansado de no besar a nadie, así que quédate.
Estoy dispuesto a cambiar tu mundo enteramente, solo quédate.
Ya me besaste una vez.
Así que, ¿por qué no te quedas?
Al menos para que me beses una segunda vez.
Ya quizá en algún punto perdamos la cuenta.
Pero hoy, quédate.
Escrito en Febrero 24, 2020
Comentarios
Publicar un comentario