El Invierno Dio Paso al Otoño
El sol bajaba lentamente, desapareciendo detrás de una montaña e iluminándolo todo por sus últimos segundos el día de hoy.
Adrián se encontraba recostado en el capó de su coche, observando el día dar paso a la noche, y sintiendo una soledad a la que estaba ya acostumbrado. Sus brazos funcionaban como almohadas detrás de su cabeza, el frío del invierno golpeándolo conforme el calor del sol lo abandonaba.
Cuando el sol desapareció por completo, Adrián no se levantó, simplemente observó el cielo oscuro mientras este se llenaba de estrellas; mientras su mente viajaba a hace seis meses.
Bajo el mismo cielo, Adrián veía el sol desparecer tras las mismas montañas, su camiseta abandonada en el césped debido al calor veraniego. A su lado se encontraba una muchacha, cuyo cabello caía por sus hombros como un río negro, y cuyos ojos brillaban ámbar bajo los rayos del sol.
"¿Crees que tú y yo seamos para siempre?" Pregunto ella, volviéndose a él, una vez que el sol había desaparecido.
"Jamás lo he dudado," susurró Adrián con una sonrisa, volviéndose a ella.
La distancia entre ellos se cerró cuando sus labios se encontraron, explorándose como acostumbraban hacerlo, incluso después de tanto tiempo.
"Adrián," susurró ella.
"Amelia," susurró él de vuelta.
Ambos compartían la creencia de que escuchar tu nombre dicho por la persona que te gusta lo volvía algo especial. Al igual que decirlo, transmitía un sentimiento que... Era inexplicable, pero era como magia, iba cargado de una chispa especial.
Claro que utilizaban nombres de cariño, pero usaban sus nombres en ocasiones especiales, o cuando querían hacer especial al otro.
Una lágrima, delicada, y fría como la noche, recorrió la mejilla de Adrián mientras se abrigaba y bajaba del capó de su coche. Vivir de recuerdos lo atormentaba constantemente, de lo que había sido y dejó de ser, pero tenía que permitirse sentir para poder avanzar.
Entró a su coche y lo encendió, dejando un rastro de estrellas a su espalda, avanzando de regreso a su pueblo.
El pavimento dio paso a caminos de tierra y pronto se encontraba rodeado de paredes a medio construir y casas hechas de ladrillo rojo. Por un segundo, su mente comenzó a divagar, en el instante en que las luces iluminaban a alguien cruzando justo frente a él.
Adrián frenó el coche de golpe y la inercia lo lanzó hacia adelante, un grito rompió la noche, seguido de un silencio ensordecedor. Adrián bajó de su coche para asegurarse de que la persona frente al auto estaba bien.
Un muchacho ligeramente más alto que él se encontraba viéndolo con terror en sus ojos, su piel bronceada brillaba bajo los faros del auto.
"¿Estás bien?" Preguntó Adrián, acercándose a él.
"¿Que no miras el camino mientras vas manejando?" Le gritó el muchacho, moviéndose ligeramente hacia atrás.
"Yo..." Adrián se detuvo a medio pensamiento, sin saber muy bien qué decir. ¿Le explicaba que venía soñando despierto? ¿No le explicaba nada? "Lo siento, estaba perdido dentro de mi cabeza," terminó diciéndole.
"Sí, me di cuenta," el muchacho comenzó a caminar alejándose de Adrián, siguiendo su camino.
"Oye, ¡espera!" Gritó Adrián a sus espaldas, y el muchacho se detuvo, volviendo la cabeza a él. "Déjame llevarte, asegurarme que no te pase nada o, algo, no sé, por favor, déjame compensarte el susto."
El muchacho lo observó de arriba abajo, considerando sus opciones. Adrián sabía que el pueblo no era grande, y tampoco era muy inseguro, quizá llegaría rápido a su destino, sin problemas, pero Adrián sentía que tenía que hacer algo para que el casi atropello no fuera lo único viviendo en la mente del muchacho.
"Está bien," dijo, dándose la vuelta y extendiendo su mano hacia Adrián. "Esteban."
Adrián estrechó su mano y luego le dijo "Adrián."
Una vez en el carro, comenzaron a hablar, Adrián preguntándole si era nuevo en el pueblo, ya que nunca lo había visto antes. Esteban venía de visita a sus abuelos, quienes estaban enfermos, los doctores habían dicho que no les quedaba mucho tiempo así que se tomó un año sabático para hacerles compañía hasta que partieran.
Adrián estaba sin palabras, conocía de vista al Sr. y la Sra. Cruz, pero jamás había interactuado realmente con ellos. Acostumbraban a sentarse fuera de sus casas y mirar a la gente pasar, Adrián les daba los buenos días en las ocasiones que pasaba frente a ellos, pero hasta ahí.
El viaje fue rápido y Adrián se despidió de Esteban, pidiéndole perdón una última vez por casi atropellarlo, Esteban solo sonrió y le dijo que no pasaba nada.
"En serio que soy más atento al manejar, es solo que..."
"Sí, sí, te perdiste en tu cabeza, sucede, quizá la próxima vez que nos veamos no sea porque casi me atropellas."
"A—" Pero Esteban ya había cerrado la puerta y estaba entrando a su casa.
¿Próxima vez?
Tras ese día, Adrián y Esteban comenzaron a salir casi diario, ambos estaban libres la mayor parte del tiempo y aunque no había mucho que hacer en el pueblo, disfrutaban de la compañía del otro.
Adrián visitaba a Esteban en su casa y comenzó a formar un lazo con el Sr. y la Sra. Cruz, quienes insistían en que les llamara Ramón y Patricia, respectivamente, pero Adrián no estaba en ese punto aún. Se sentaban a veces a hablar de nada, y de todo, perdiéndose en conversaciones de sus vidas.
Adrián aprendió que Esteban se encontraba estudiando nutrición, pero había llegado a un acuerdo con la institución para tomarse un año para estar a sus abuelos, al parecer era de los mejores en su escuela y eso venía con ventajas.
Mientras tanto, Adrián le contaba sobre su familia, sobre cómo su papá les abandonó cuando nació su hermano y su madre se quedó a cargo de criarlos.
"Qué cobardía," exclamó Esteban cuando terminó su historia.
Adrián solo encogió los hombros, era algo con lo que había crecido, ya no le afectaba tanto como en un principio. Había noches en que se preguntaba, dudaba, ¿qué habría sido si...?
Pero las preguntas no le ayudaban en nada, las cosas no iban a cambiar, y su padre jamás iba a regresar, así que las ignoraba.
El invierno dio paso a la primavera y Adrián conocía casi todo sobre la vida de Esteban en este punto, sabía que su hermana había sido corrida de su casa cuando le dijo a sus padres que le gustaban las niñas, y que ahora se encontraba viviendo con su novia en la ciudad. Sabía que se peinaba su cabello oscuro para atrás todas las mañanas, porque de lo contrario caía despeinado por todos lados. Sabía que servía el cereal después de la leche—y lo juzgaba por eso—y que no le gustaba la sandía porque era "puro líquido." Primero que nada, si fuera puro líquido, ¿por qué viene envuelta en un caparazón? Sabía que era un muchacho muy feliz, que veía lo mejor de todas las personas, y que amaba a sus abuelos con toda su alma.
Y de igual forma, Esteban conocía casi todo de Adrián, la forma en que sus ojos se cerraban cuando se reía, la vez en que casi se lo lleva la corriente de un río por querer recuperar su sandalia, la ocasión en que se escapó de su casa para ir a una fiesta secreta. Sabía que su comida favorita eran los caldos que preparaba su mamá, pero que su hermano los odiaba. Sabía que Adrián soñaba con salir del pueblo y crecer lejos, pero temía dejar a su familia atrás, y deseaba poder llevarles con él. Sabía casi toda anécdota divertida de su infancia; sin embargo, Esteban no sabía de Amelia, quien acababa de pasar frente a ellos.
"¿Adrián?" Preguntó ella, parándose frente a ellos.
Los recuerdos golpearon a Adrián, pero se dio cuenta de que ya no le afectaban como antes. Amelia seguía siendo hermosa, se había cortado el cabello, el cual ahora este se detenía justo a sus hombros, y sus ojos seguían brillando ámbar cuando los golpeaba el sol.
"Hola, Amelia," susurró, casi inconscientemente.
"¿Y quién es...?"
"Esteban," dijo él, extendiendo su mano hacia Amelia, quien la tomó con delicadeza. "Solo vengo de visita," le dijo.
"Oh," dijo ella. "¿Y cómo es que se conocen?"
Adrián y Esteban intercambiaron una mirada, y estallaron en risas. Amelia los miraba confundida, tratando de entender qué había sido tan gracioso.
Cuando al fin dejaron de reírse, Adrián dijo "digamos que fue un choque de suerte," y luego estallaron en risas una vez más. Amelia les sonrió y se despidió de ellos, alejándose de las carcajadas que escapaban de ambos.
Y la primavera dio paso al verano, Adrián le había contado a Esteban sobre Amelia, y todo lo que había sucedido entre ellos, Esteban solo había asentido, un poco incómodo, mientras escuchaba cómo Amelia había engañado a Adrián con un muchacho de ciudad.
"¿Y aun así hablas con ella?" Preguntó Esteban, al final de la historia.
"Es solo por cortesía... No me gustan los rencores..."
"Si," dijo él, mirando al horizonte.
"Oye, ya sé qué haremos hoy," le dijo Adrián emocionado a Esteban,sacándolo de sus pensamientos.
El calor había creado el clima perfecto para ir al lago, del cual Esteban estaba aterrorizado.
"No voy a meterme ahí," declaró, su brazos cruzados sobre su camiseta azul.
"Venga," le dijo Adrián, su camiseta abandonada en alguna parte del suelo. "Es completamente seguro, anda."
Adrián tomó la parte de abajo de la camiseta de Esteban y comenzó a quitársela, Esteban se negaba a descruzar los brazos, pero Adrián conocía su debilidad.
"No," le dijo Esteban, pero Adrián ya estaba haciéndole cosquillas y Esteban descruzó los brazos para empujarle, Adrián aprovechó el momento para tomar la parte de abajo de su camiseta y jalarla hacia arriba. Adrián sostenía la prenda de Esteban en su mano mientras una sonrisa afloraba en sus labios.
La piel bronceada de Esteban relucía bajo el sol del verano, su expresión de enojo contrastaba sus labios, de los cuales una sonrisa quería escaparse.
"No pienso entrar ahí, Adrián," le dijo, pero su voz se teñía de un toque de curiosidad; un toque de desafío.
"Anda, Esteban, el agua está fría, no hay nada malo ahí dentro, lo juro," le dijo Adrián, acercándose a él.
"No, no, hazte para atrás, Adrián." Una sonrisa afloró en los labios de Adrián conforme se acercaba a Esteban. "Adrián, no, muévete."
En ese momento Adrián corrió detrás de Esteban antes de que este pudiera volverse y lo tomó por la espalda, su pecho se encontró con la espalda de Esteban, mientras este movía su cintura hacia atrás; sus cuerpos chocaron mientras Adrián levantaba a Esteban.
"¡No, no, bájame!" Dijo Esteban, mientras se le escapaba una carcajada.
"Está bien," dijo Adrián, lanzándolo al lago, y saltando justo después.
El agua fría recorrió a los dos muchachos de arriba abajo, contrastando el calor del verano. Adrián sacó la cabeza del agua y soltó una carcajada, Esteban estaba recuperando el aliento, una sonrisa plasmada en su rostro.
"Ni creas que te vas a salir con la tuya," le dijo a Adrián, nadando hacia él, quien estaba desprevenido.
Se dio media vuelta para tratar de huir pero Esteban se encontraba ya colgando de su cuello, ahora era su pecho el cual se encontraba pegado a su espalda, pero como estaban mojados, Adrián pudo darse la vuelta y quedar frente a frente a Esteban.
Sus rostros se encontraban a centímetros del otro, sus estómagos estaban tocándose debajo del agua, frotándose debido al agua intranquila. Los brazos de Esteban seguían rodeando el cuello de Adrián, y sus ojos no se despegaban unos de los otros.
Esteban bajó ligeramente la mirada, observando un instante los labios de Adrián, y casi por impulso, cerró la distancia entre los dos. Sus labios se encontraron y Esteban jaló a Adrián hacia sí, mientras levantaba las piernas y las ponía alrededor de su cintura. Adrián levantó sus manos por impulso y las colocó en las caderas de Estaban, bajando lentamente, sintiendo el cuerpo de Esteban como jamás se imaginó iba a sentirlo.
Un instante después, Adrián empujó a Esteban hacia atrás, rompiendo el beso y separando sus cuerpos.
"¿Qué—?" Comenzó Esteban, pero Adrián no le dejó continuar.
"No, yo no, yo no soy..." Las palabras no encontraban como salir de Adrián. Jamás le había gustado un niño, Amelia había sido la única persona por quien había sentido amor, y eso significaba que le gustaban las niñas, él lo sabía.
"¿No eres qué, Adrián?" Preguntó Esteban, no había enojo en su voz, o molestia, solo genuina curiosidad.
Adrián levantó su vista hacia Esteban, su cabello negro pegándose a su rostro, sus ojos oscuros observándolo con cariño, su expresión de preocupación, de miedo.
"No me gustan los niños, no... Nunca me ha gustado un niño, solo niñas, no puedo ser gay," dijo, las palabras saliendo sin pensar. "No puedo serlo."
Esteban lo observó un segundo, y luego se acercó a él. Adrián lo veía, preguntándose qué es lo que pretendía. La distancia entre ambos era casi nula, ambos podían sentir calor emanando del otro, incluso bajo el agua fría.
"Entonces, ¿no te gusta cuando hago esto?" La mano de Esteban comenzó a recorrer el estómago de Adrián, subiendo lentamente hasta pellizcar ligeramente uno de sus pezones. Adrián gimió casi sin quererlo. "¿O esto?" Sus labios comenzaron a besar lentamente el cuello de Adrián, subiendo un poco, Adrián podía sentir el cabello mojado de Esteban en su oreja, y luego sintió como sus dientes mordían ligeramente su lóbulo; Adrián intentó ocultar un gemido cuando los labios de Esteban comenzaron a bajar por su cuello de nuevo. "¿O cuando hago esto?" La distancia entre ambos se cerró y Esteban comenzó a restregar su estómago con el estómago de Adrián, de arriba abajo, lentamente, permitiendo que Adrián sintiera todo, que lo sintiera completamente. Cada que subía, un gemido escapaba los labios de Adrián.
Adrián no podía negar que le gustaba, no podía decir que no le hacía sentir nada porque con cada movimiento de Esteban, este podía sentir lo que estaba provocando en él.
"Pero no entiendo," dijo Adrián entre gemidos, "siempre me han gustado las niñas."
"Sí sabes que pueden gustarte tanto los niños como las niñas, ¿no?" Le dijo Esteban entre besos en el cuello, que solo hacían que las ganas de Adrián por tocar a Esteban incrementaran.
"¿De verdad?" Preguntó Adrián, genuinamente confundido. Toda su vida había pensado que solo podían gustarle las niñas, y sabía que a algunos niños les gustaban solo los niños, o que a algunas niñas les gustaban solo las niñas; jamás había considerado que podría existir alguien a quien le gustaran ambos.
"Claro, que sí," dijo Esteban, moviendo su mano hacia abajo, lentamente, por la espalda de Adrián, "a mí me gustan ambos." Dijo, plantando un beso en su cuello.
"¿De verdad?" Dijo Adrián, gimiendo a mitad de la oración, "¿por qué nunca me lo dijiste?"
Esteban se detuvo, y levantó su mirada hacia Adrián, viéndolo como si fuera la primera vez que lo veía.
"Supongo que... No sé, jamás pensé en decírtelo, lo siento."
"No tienes que disculparte," le dijo Adrián por instinto, "es solo que, me tomó de sorpresa, es todo."
Esteban lo miro, una sonrisa en sus labios, "entonces, ¿quieres que me detenga?" Le preguntó.
Adrián lo consideró un segundo. Un simple, y efímero segundo.
"Oh, no, claro que no, ven para acá," y extendió sus manos hacia Esteban, acercándolo a él y juntando sus labios, un gemido escapó de los labios de Esteban y Adrián comenzó a recorrer sus manos de arriba abajo en Esteban, sintiendo los músculos de su espalda, la forma de su cuello, Adrián comenzó a besar el cuello de Esteban, dejando marcas ahí que tardarían en borrarse.
Poco a poco, el agua fría dejó de sentirse tan fría, conforme la intensidad de sus caricias iba subiendo, y las manos de ambos comenzaban a recorrer lugares que jamás habían recorrido.
"¿Seguro que quieres hacer esto?" Le preguntó Esteban a Adrián.
"Sí, sí, quiero," contestó este.
Esteban sonrió, "no hay nadie en tu casa, ¿verdad?"
Adrián sonrió de vuelta, "no."
Y el verano dio paso al otoño; Adrián y Esteban se encontraban en el capó del coche de Adrián, mirando el sol esconderse detrás de las montañas, iluminándolo todo por los últimos segundos del día. Sus manos estaban entrelazadas, y una sonrisa tonta se encontraba plasmada en la cara de ambos.
"Entonces es oficial, ¿no? Somos novios," le dijo Adrián a Esteban, quien soltó una carcajada.
"Sí, supongo que lo es, digo, después de..." La memoria de ambos viajó al lago, y una risa ligera escapó sus labios. "Después de que te lo pregunté, y me dijiste que sí." Observaban lentamente el sol bajando, el frío del invierno amenazando con llegar y el calor del verano negándose a largarse.
"Jamás pensé que iba a ser bisexual, bisexual, bi-sex-ual, la palabra suena rara en mis labios, ¿no? Bis-ex-u-al" dijo Adrián, volviéndose a Esteban, quien lo veía con cariño en sus ojos. Esto es algo que Adrián había hecho desde que Esteban le dijo que ese nombre utilizaban en general las personas que gustaban de los niños y las niñas. "¿Cómo era la palabra que usas para ti? ¿'Parsexual'?"
Esteban soltó una carcajada al ver la cara de confusión de Adrián, "es pansexual, no 'parsexual', Adrián."
"Pansexual, eso, y es que no te interesa el género, no, no, que no te importa, ¿no? ¿Algo así?" Esteban asintió, riendo. "Siento que a mí sí me interesa, o sea, importa, eso del género..."
"Pues por muy bisexual que seas, te gusto yo, así que cállate," le dijo Esteban jugando, y luego se acercó a robarle un beso.
"Sí, bueno, es culpa tuya," le respondió Adrián, besándolo de vuelta.
"Gracias a mí, querrás decir," le contestó Esteban.
"Debatible."
"Yo no soy quien casi te atropella..." Respondió Esteban, y ambos estallaron en carcajadas.
"Está bien, gracias a ti," susurró Adrián.
El sol estaba a nada de desaparecer, y Adrián comenzó a preguntarse qué sería de ellos cuando Esteban regresara a la ciudad, o si Ramón y Patricia llegaran a fallecer, ¿cómo iba a estar ahí para él? Tenía miedo de arruinarlo todo, porque no quería perderlo.
Pero se volvió a verlo, mientras él veía el sol, y sintió paz; supo que cualquier cosa que la vida les aventara, podrían superarla mientras trabajaran juntos en ello, y sonrió.
"Esteban," dijo, solo su nombre, y este se volvió.
Sus miradas se encontraron, creando una intimidad que solo ellos conocían.
"Adrián," susurró él de vuelta, en el instante en que el sol se iba y las estrellas comenzaban a aparecer, como si el nombre de la persona a quien ama las hubiera invocado.
El recuerdo fugaz de un verano en el pasado—con una muchacha en junto a él—recorrió la mente de Adrián, pero ya no sentía dolor, porque alguien mejor había llegado a su vida.
Con las estrellas a su espalda, sobre el capó de su coche, Adrián se acercó a Esteban, besando sus labios con delicadeza.
Escrita en Julio 23, 2020
¡ME ENCANTÓ ESTA HISTORIA! Llevaré por siempre en mi corazoncito a Adrián y Esteban <3.
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