Aunque No Duramos, Recordaré Ese Silencio
Pudiste decirme que había alguien más.
Me habría dolido, claro, pero habría sido mejor que... Lo que me hiciste. Habría sido mejor que la incertidumbre, que los sueños constantes que tenía contigo, en los cuales regresabas, en los que me elegías. Que el dolor que siento ahora, al darme cuenta de que no vas a regresar.
Desde el principio te dije que podías hablar conmigo, ¿no? Te dije que contabas conmigo para todo, que te entendería, que era la persona que menos te iba a juzgar en este mundo, y aun así...
Aun así preferiste la salida fácil, rápida, aquella en la que me dejabas esperando un mensaje que sabías jamás iba a llegar, aquella en la que me hablabas solo cuando estabas caliente y querías coger, aquella en la que una conversación profunda no figuraba.
¿Por qué no me dijiste?
¿Por qué no me llamaste, diciéndome que te habías enamorado de alguien más? ¿Por qué me dijiste que te gustaba todo de mí para tomar ese amor y largarte con él? ¿Cuál era el punto de enamorarme y dejarme?
Fue tu hermano quien me dijo, quien me llamó una noche para decirme que te había visto con alguien más, y que ya dejara de subir indirectas para ti, porque solo te reías de ellas. Te reías de mí, mientras yo escuchaba cada canción que subías, pensando que quizá, solo quizá, esas palabras eran para mí.
Ya me di cuenta que no.
¿Eso fui para ti, entonces? ¿Algo de lo que te ríes? ¿Un chiste en tu vida? Increíble.
Pudiste habérmelo dicho.
Pudiste haberme explicado cómo tu corazón comenzaba a enamorarse de alguien más, en vez de decirme que necesitabas espacio. Te di espacio, ¿no? Lo respeté, claro que lo respeté, pensando que en algún momento volverías... ¿Pensabas volver?
Pudiste, pudiste, pudiste, pero no lo hiciste, y ahora me encuentro en duelo por una relación que solo existió en mi cabeza.
Pero luego lo habría entendido. No puedes controlar lo que sientes, ¿no? Yo no pude detenerme de extrañarte, o de pensar que ibas a volver, ¿cómo voy a culparte por enamorarte de alguien más?
Pero pudimos haber sido amigos, ¿sabes? Poco a poco habría dejado de sentir esas estúpidas ganas de besarte, o de tocarte, y quizá entonces habríamos podido ser amigos.
Amaba hablar contigo, y lo sabes, amaba cómo me contabas de tu vida, de tu hermano, de todo lo que hacías y querías hacer, y yo te contaba de la mía, mis proyectos, mis escritos, mis poemas—que por cierto, jamás leíste el que escribí para ti, ¿te importó?
Y luego me dijiste que te diera tu espacio, y te lo di.
Y luego me hablaste borracho en la madrugada, me dijiste que estabas caliente, y sí, cogimos, porque estaba drogado en sentimientos, y no lo pensé dos veces.
Pero llegó la mañana y me dijiste que todavía necesitabas tiempo, que te disculpara, que este no eras tú y que jamás habrías querido usarme de esta manera. Recuerdo decirte, estúpido yo, que no pasaba nada, y que te daría más tiempo si así lo querías, así que volví a dejarte ir.
Hasta que me llamaste otra vez, con las mismas intenciones, y volví a ir, porque aunque en mi mente sabía que te estaba perdiendo, sentir tu cuerpo junto al mío me llenaba de placer. Y, a veces, placer es lo único que necesitaba.
Pero pronto me di cuenta de que no era una parada de autobuses, a la cual podías llegar y de la cual podías irte cuando quisieras, no. Dejé de contestar tus llamadas y dejaste de buscarme. Dejé de buscarte y dejé de importarte.
Porque así funcionas, al parecer, y yo ni siquiera lo consideré. Nunca pensé que te iba a importar tan poco, tras las pláticas hasta la madrugada, tras las salidas clandestinas, tras las conversaciones profundas.
No entiendo cómo me superaste tan rápido, después de todo. Cómo es que te moviste a la siguiente persona tan rápido, teniéndome a mí todavía a tus pies. Es algo tonto, ¿no?
No, no. Este hábito que tengo de ridiculizar mis emociones es demasiado dañino, y estoy tratando de superarlo, así que no: no fue tonto. No fui tonto por enamorarme de ti, porque valías—y quiero creer que aún vales—la pena, muy al igual que yo valgo la pena. La gente que vale la pena termina encontrándose, pero al parecer nunca terminan durando.
Aunque no duramos, siempre recordaré el eterno silencio que me regalaste cuando te fuiste. Bueno, "duramos," ¿sabes?
Y creo poder entender cómo me superaste tan rápido... Es porque nunca fui algo, ¿no? Me superaste en días porque no había nada que superar. Para ti, fui solo un momento, un desliz, un tipo que te hablaba bonito pero a quien no querías realmente hablarle bonito de regreso.
Me superaste en días y tú has rondado mi mente desde que me dijiste que te ibas, con la promesa de tu regreso. Supongo que por eso somos distintos.
Y todo se acabó cuando conociste a alguien más.
Pues bien, anda, sé feliz en sus brazos, pero no le hagas daño, porque sé quién es. Sé que le hicieron daño en el pasado, y no sé qué tan bien lo sobrellevó, o cómo lo superó, pero no se merece que le hagas lo que me hiciste.
Lo que no sabes me estás haciendo.
Con él no existirá el "pero" que siempre tuviste conmigo, así que asegúrate de no encontrarle uno, y si lo vas a dejar, díselo... Que te dejen esperando algo que no llegará es... Injusto.
Pudiste decirme que había alguien más, pero decidiste guardártelo, y lo respeto... Pero no fue justo.
No fue justo para mí que me hayas dejado de lado, a la espera de tu regreso, si sabías que jamás iba a regresar.
¿No fuiste tú el que me dijo que te habían lastimado en el pasado, dejándote de hablar sin razón, y que no querías ser así?
Bueno, ¿qué pasó, cariño?
¿Por qué decidiste serlo, entonces, al final? ¿Qué te impulsó a hacerme daño en silencio, pensando que lo iba a superar fácilmente? Dejar de hablarme le dio pase libre a tu conciencia, ¿no?
"Si dejo de hablarle, no tendré que tolerarlo si le duele, si está sufriendo; si dejo de hablarle no tengo que ver su dolor cuando se dé cuenta de que no volveré." Pues no es tan sencillo como cerrar los ojos, porque al final vas a ver, o saber de mi dolor. Pero al final, no te va a importar, ¿no?
Al final, vas a seguir callado.
Y está bien, porque no me debes explicaciones, no me debes respuestas, no me debes nada que no quieras darme, así que anda, ve con él y sé feliz. Porque todavía quiero que seas feliz, aun si no es conmigo, no te dejes engañar por las quejas, puedo quejarme de ti y aun así querer lo mejor para ti.
Yo me voy a quejar, y voy a mentar madres, porque este es mi proceso. Mi proceso no es silencioso, no es abandonar mis emociones esperando que desaparezcan, no. Mi proceso es un grito, son miles de palabras escupidas al abismo, esperando armarse en algo que tenga sentido. Este es mi proceso.
El dolor de que había alguien más hubiera pasado, si me hubieras hablado sobre él, quizá, en vez de quedártelo callado.
Pero, en fin, te superaré, claro. No es la primera vez que mi corazón, tan precioso, es lastimado sin sentido, y no será la última, quizá.
Y no, esto no me detendrá de seguir regalando mi corazón, porque él siente a lo estúpido, y yo seguiré dejando que sienta como ama sentir. Lo amo, me amo, y pensé que llegaría a amarte... Ahora me toca superarte, pero...
¿Cómo chingados se supera algo que nunca llegó a ser?
Escrito en Julio 30, 2020
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