Un Lienzo de Mis Emociones Disparatadas

Poco a poco, has ido saliendo de mi mente. Te empujo con delicadeza porque quiero dejar de pensar en ti, y día tras días siento cómo ese hilo tan mágico que nos ataba se va deshaciendo.
Me levanto de la cama y coloco un lienzo frente a mí, haciendo trazos aleatorios para desahogarme.
Creo que todo empezó con un poco de distanciamiento, si no me equivoco. Me fui alejando de ti cuando sentí cómo te alejabas de mí. De repente, tu rostro no era lo primero que mi mente conjuraba al despertar, sino quizá la segunda cosa en la que pensaba, y yo sabía que era porque me estabas perdiendo.
"¿Todavía me quieres como dijiste que me querías?" Te pregunté un día, y pude ver una sombra de duda recorrer tu rostro, desapareciendo tan rápido como apareció.
"¿A qué te refieres, amor?" Me contestaste, y me fue imposible pasar por alto la forma en que me decías amor, después de tanto tiempo sin escuchar esas palabras. ¿Tenías miedo de que te dejara, acaso?
"O sea..." Te contesté. "Hace tiempo dijiste que me querías tanto como yo amo pintar, solo quería saber si seguías sintiendo lo mismo."
"Claro que sí," contestaste inmediatamente, demasiado rápido, quizá, y me besaste.
Sin embargo, podía sentir ese cambio en el ambiente, esa diferencia en la forma en que me decías que era tuyo, que siempre me ibas a amar. Mi mente viajó a un lugar en el que ya no me amabas, y se sintió... Perdida.
El pincel volaba sobre el lienzo haciendo trazos indescifrables, los colores se combinaban unos con otros creando una mezcla llena de rabia, de miedo, ¿cómo demonios transmites la pérdida del amor en una pintura de óleo?
Días después de la pregunta, me dijiste que necesitabas un poco de espacio; sabía que no volverías. Sabía que estabas yéndote para darte cuenta de que estabas mejor solo, o quizá solo mejor sin mí, y mi corazón dio un salto.
Pero te dejé ir, con la esperanza de que volverías, y me centré en mi vida. Dibujaba y pintaba como si nada me afectara; sin embargo, de alguna manera te veía en mi arte. No podía evitar meterte en él, porque paseabas por mi mente como si jamás te hubieras ido.
Pasado más de un mes, escuché de ti. Al fin volviste a hablarme solo para decirme que teníamos que terminar, que ya no te sentías feliz en la relación, que no pensabas que valiera la pena seguir en ella.
En cuanto escuché que querías terminar, pensé en rogarte que siguiéramos intentándolo, que podíamos ser mejores, hacer las cosas bien. Pero en cuanto dijiste que no sentías valía la pena, me callé, porque lo último que iba a hacer era rogar que me vieras como alguien que valía la pena.
Lancé el pincel lejos de mí y empecé a usar las manos para trazar, una línea como el sol que cortaba el cuadro por la mitad, una línea escarlata que serpenteaba los márgenes, manchas sobre manchas hasta que el fondo había desaparecido por completo, y frente a mí se encontraba un desastre de colores superponiéndose unos a los otros.
Me froté la cara y la pintura empezó a recorrer mi rostro. No me importaba.
Te fuiste y mi mente viajaba a todos los momentos que habíamos pasado juntos. El día que nos conocimos, sentados uno junto al otro en aquel salón de clases, y me pasaste el lápiz que tiré. El día en que me besaste por primera vez, y sentí tu barba restregarse en mi barbilla. El día en que habíamos ido al cine para ver una película pero te equivocaste y terminamos viendo algo completamente bizarro. Días tras días de ti, de nuestra historia, de lo que habíamos sido.
¿Cómo se suponía que te olvidara tan rápidamente después de todo eso? Fui un rey bajo tu mandato, me tenías en la palma de tu mano y habría hecho todo por ti, si me lo hubieras pedido. Aun así, me respetaste como nadie; me quisiste como nadie, me enseñaste que cada quien ama de manera distinta.
Me encontraba bajo tu poder siendo de la realeza, y más de un vez estuve debajo de ti; sobre ti, también...
Sacudo la cabeza, borrando esas imágenes de mi mente; mis manos comienzan a formar algo en el lienzo. Mi camiseta se encuentra olvidada en un rincón, la pintura recorriendo mi pecho, cayendo por mi espalda, bajando junto a las gotas de sudor que abandonan mi cuerpo como si fuera un océano al borde del universo.
Te amo tanto. Todavía ni siquiera puedo decir que te amé, porque el sentimiento no se ha largado. Amo la forma en que me tomabas de la barbilla, amo la forma en que me decías que era tu vida, amo la forma en que posabas para que te dibujara, pinturas encarando la pared porque verlas solo me causa dolor.
Aun así, poco a poco te estoy sacando de mi mente, poco a poco voy notando cómo tu ausencia me duele menos, y ya no espero un mensaje tuyo por las mañanas, ya no me emociono cuando mi teléfono vibra o cuando tocan a mi puerta. Pero que no me emocione—que no lo espere—no significa que no piense en que va a llegar.
Porque a veces me pregunto, ¿y si te equivocaste? ¿Y si todavía me quieres? ¿Y si regresas?
No quiero ser esa persona que regresa con su ex—sé que no funcionaría—pero si en este momento me hablaras y me dijeras que quieres intentarlo una vez más, que piensas que vale la pena, no sé si podría detenerme, porque te vas de mi mente pero mi corazón se niega a soltarte todavía.
Odio que sigo dispuesto a ti, después de cómo me hiciste sentir, por lo que me hiciste pasar.
Froto mi brazo y una mancha de pintura se queda ahí, me paso las manos por el cabello y puedo sentirlo endureciéndose por culpa del color azul, y el rojo, el morado, el gris, el negro, porque mis manos se volvieron un propio lienzo lleno de rabia.
Rabia, porque me dejaste un mes cuestionándome qué había hecho, para que me dejaras ir.
Veo el lienzo frente a mí y sigo haciendo líneas, círculos, formas que intentan expresar el miedo que siento a que alguien deje de amarme a la velocidad en que tú dejaste de amarme.
Y entonces lo termino, cayendo de rodillas, rendido, empiezo a llorar. Porque aquí estás una vez más, y sé que sigues en mi mente. Veo los colores y vislumbro tu rostro en el lienzo, tu barba de un brillante color amarillo, tus ojos de un verde escandalizante, tu cabello rojizo cubriendo tus orejas y no te he dejado ir.
Porque aquí estás, frente a mí, y los recuerdos me invaden una vez más, y lloro, porque tengo que permitirme el llanto. Siento la pintura recorrer mis mejillas, coloreando mi rostro mientras caen hasta mi barbilla, haciendo un pequeño sonido al golpear el suelo. 
En tu rostro se refleja la pérdida del amor. Sigues en mi mente pero es diferente, porque ya no significas la felicidad que solías ser, ahora eres... Caos.
Eres un rostro de pintura en la soledad de mi habitación, donde tanto tiempo pasaste, donde me encuentro bañado en lágrimas de colores. En cierto sentido, me volví un lienzo de mis emociones disparatadas.
Quiero olvidarte pero eso tomará su tiempo, y yo me quedaré aquí arrodillado, llorando, hasta que las lágrimas dejen de llegar.
Por un segundo, miro tu rostro de colores, y luego miro mi cuerpo, y no puedo evitar ver la ironía de cómo, de una u otra forma, estamos conectados en este preciso instante. Ambos somos un lienzo de emociones, ambos somos un colorido desastre nacido de un corazón atormentado.

Escrito en Junio 29, 2020.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Concepto del "Me Gustas"

Una Historia Medieval

Mariposas en el Estómago