Historias de Un Corazón Defectuoso
Creía que mi corazón estaba defectuoso, que tenía un error y que por eso pasaba... Bueno, lo que pasaba.
No te diré directamente cuál es el que yo creía un error en mi corazón, mejor déjame contarte una historia, ¿sí? O varias, mejor, ¿quisieras escucharlas? Espero que sí. Y, tal vez, por tu cuenta notes el defecto.
Te presento Las Historias de Un Corazón Defectuoso.
Mi primer recuerdo sucedió en una fiesta, tras una mirada compartida.
Lo vi, recargado contra la pared, y decidí que debía acercarme, que debía hablarle. Mi cerebro reaccionó antes de pensar en lo que hacía, y obligó a mis piernas a moverse antes de siquiera pensar qué es lo que estaba haciendo. Pronto, me encontraba parado junto a él, y mis labios formaron la palabra–
"Hola," y se volvió.
Su mirada se encontró con la mía, de nuevo, y pude ver una sonrisa queriendo formarse en la comisura de sus labios, ¿o acaso estaba imaginándomelo? No, no creo, iba a sonreír, pero se detuvo, eso es.
"Hola," respondió, y luego sonrió de verdad. "Me llamo David, un gusto," y estiró su mano.
Cuando nuestras manos se juntaron, todo comenzó. Mi corazón latía demasiado rápido, deseaba más, pero mi cerebro exigía tiempo, precisaba de una conexión inexistente. Pasaban los días, empezamos a vernos más seguido, hablábamos casi diario, íbamos en la misma escuela, a final de cuenta.
Pero, poco a poco fui notándolo... ¿El qué? La indiferencia, claro. Notaba como yo iba. Notaba como yo iniciaba la conversación. Notaba como era yo, yo, yo, y mi corazón defectuoso.
La desilusión sucedió al darme cuenta de que estaba caminando un sendero a la vez que lo creaba, y el punto de llegada era inexistente. Así que obligué a mi corazón a calmarse un segundo, a desacelerarse, y poco a poco, él quedó en el olvido.
¿Ya descubriste la razón de mi corazón defectuoso?
Si la respuesta es "no," déjame contarte dos historias a la vez, cortas pero que retratan perfectamente mi punto.
La primera ocurrió en un restaurante, con un mesero, y la segunda en un camión, por un mensaje.
En ambas, actué por impulso; en ambas, mi corazón se aceleró, desenfrenado. Y en ambas, algo comenzó. En ambas, alguien se alejó.
Josué fue el primero, quien me dio su número de teléfono en la mesa de un restaurante y con quien hablé día tras día por llamada. Francisco fue el segundo, quien me mandó un mensaje y hablábamos por mensajes constantemente, hasta que empezamos a salir, físicamente.
Con Josué, las cosas terminaron rápido, mi corazón acelerado se desaceleró por su cuenta, y pronto tuve que romper el suyo. Me odió. Regresó. Las cosas nunca se dieron, así que, al final, se rindió.
Y se fue.
Con Francisco, la historia dura más, salidas tras salidas, rodillas que se tocan sentados en el cine, su cabeza en mi hombro en la quietud de su hogar. Y mi corazón se acelera en momentos, y se desacelera en otros, sin entender qué hacer, sin entender qué desea. Conversaciones profundas de mí, de él, de nosotros, del mundo y lo que fue y será. Magia formada por nuestros labios. Hasta el día en que estos se juntan, y mi corazón se desacelera.
Y se niega a acelerarse de nuevo. Me vuelvo distante, extraño, quiero esto, claro, pero, ¿quiero esto? Él me jura que lo intentará, hasta que yo le diga que deje de intentarlo.
Nunca le dije que dejara de intentarlo, pero no fue necesario. Mis acciones hablaron más que yo, y a día de hoy, aún duele.
Pero, se fue.
¿Ahora sí? ¿Comprendiste al fin qué error hay dentro de mí?
Déjame decírtelo, si no lo descifraste aún: Mi corazón cae demasiado rápido. Se encanta con ideas, se encanta con un "quizá," se encanta con un rostro, con un poco de atención, se encanta y encanta el resto de mi ser.
Mi corazón siente algo, y es imposible apagarlo, negarlo, calmarlo. Por más que lo intento, por más que me digo a mí mismo "oye, es muy pronto," él me responde "déjame sentir."
Por más que me digo a mí mismo "oye, te considera un amigo, nada más," él me responde "déjame sentir."
Por más que me digo a mí mismo "oye, no lo conoces," él me responde "déjame sentir."
Y así ha sido, mis "te estás enamorando de una idea," mis "quizá ni siquiera está interesado en ti," mis "te estás alineando para romperte," no le afectan, no le hacen nada.
Porque, al final, él solo me contestará con dos simples palabras... "Déjame sentir."
Mi corazón decide ilusionarse en segundos. Le encanta imaginar futuros que se destruyen en dos, o tres días. Mi corazón está rebosante de amor, de cariño, tan eterno y tan completo, que su único deseo es salir y dirigirse a una persona.
A veces, es a cualquier persona, con una cara bonita, con una actitud maravillosa, con una personalidad inigualable. Es un cupido por sí mismo, lanzándose cual flecha, decidido a dar en el centro de la diana... O lastimarse en el vuelo.
A veces no se entiende a sí mismo, y se lanza sin mirar, sin pensar. Aún no da en el clavo. Está deseándolo, encontrar la diana en la cual clavarse y de donde no vaya a caerse.
Por eso pensaba que mi corazón estaba defectuoso, entonces; se lanzaba sin mirar, se lanzaba sin importarle, y, oh, el daño con el que regresa siempre...
No lo está. No está mal, no está roto, no hay errores, no está defectuoso, entra en amor, entra en deseo, entra en sentimientos confusos y complejos que ni siquiera mi mente puede entenderlo. A veces se sale tan rápido como entró. A veces se queda más de lo que es necesario. Pero me niego a regresar a los tiempos en que me creía defectuoso.
Mirando al techo, siento mi teléfono vibrando, y– Sí, ahí está, mi corazón acelerado. ¿Me habrá hablado al fin? ¿Será quizá un mensaje sin importancia de las noticias de hoy? Cierro los ojos un segundo, y respiro hondo, podría serlo todo, o podría ser absolutamente nada.
Tomo el teléfono, y leo el mensaje que me llegó: "Oye, ¿tenemos algo que hacer de tarea?" Exhalo, y una sonrisa comienza a formarse en mis labios, mientras mi corazón se desacelera un poco.
No es él. Aún no me habla. Quizá nunca lo haga. Pero me cansé de negarle a mi corazón todos estos sentimientos.
Mi compañero me mira y me dice:
"¿Sigues esperando que te hable? ¿Por qué no le hablas tú primero y dejas de suspirar a cada momento? Cansas," puedo sentirlo volteando sus ojos.
Y deseo decirle: "No quiero ser yo el primero, porque mi corazón desea ver interés. Una cosa que pocas veces se ha encontrado; reciprocidad, y lo único que quiero es interés de él, ¿sabes? Si lo hago yo... Es inútil, nunca sabré si desde un principio él quería algo."
En su lugar, le susurro dos simples palabras, dejando el teléfono de lado:
"Déjame sentir."
Escrito en Octubre 22 del 2019
Comentarios
Publicar un comentario